5 de febrero de 2022
La niña del faro
Septiembre 31
Encontré este trozo escrito por mí hace no sé cuánto tiempo y después de leerlo y releerlo me pregunto si era yo, la misma que escribió aquí la última vez, porque de verdad me ha sorprendido la polaridad y fue uno de tantos retornos pero con un significado muy diferente. ¿Quién cambió?
Querido duende hoy te escribo desde la fuente misma de
la vida; vengo llegando de estar unos pocos días
contemplando la majestuosidad del océano, de perderme
en su infinito horizonte, dándome la perfecta
sensación de mi pequeñez y la inconmensurable fuerza
del todopoderoso. He respirado vientos tibios de
esperanzas arrojadas a la orilla y siempre devueltas
entre nubes blancas, para peinar las arenas de los
corazones sedientos de cielo y estrellas. Traigo
arenillas de paz entre mis dedos y trenzadas en mis
cabellos, sabor a dulce sal en mi piel, y confío no
remover nada ni "arreglarme" para enfrentar el nuevo y
rutinario día; quiero que este sabor me acompañe y
haga de mi vida el alimento ansiado de mi alma
hambrienta. Encontré mi "niña", aquella que habita el
faro solitario, la dejé gritar y cantar entre
extraños, musitó palabras de enojo y ternura, jugó con
las olas y voló acompañando a las gaviotas en su
interminable coqueteo con el mar, hizo dos o tres
intentos por alcanzar estrellas en la noche y saltar
de una a otra dejando huellas de su paso en cada una.
Parece que lo logró, lo vi en sus ojos con pupilas
centellantes, en su cabello de brillo de oro y en el
polvo de sus pies. No regresó llorando, la acogí entre
mis brazos, cansada y con semblante de ángel recién
creado. Me miré en ella y sonreí feliz mientras
cerraba sus ventanas mágicas con las que sólo ella
mira las razones y los sentidos de este lugar y de
este tiempo. Descifro algunos enigmas que como
linternas iluminan mi camino, soy y estoy donde se
quiere que sea y esté. Volteo mi corazón al mar
inmenso y amoroso, siempre vivo y sabio y retomo mi
esencia para caminar. Tu recuerdo se acerca en la
cresta espumosa de una ola para desaparecer bajo mis
pies descalzos y volver a alejarse... tal vez pronto
el mío bese los tuyos y empape tus arenas para
recordarte que nada es casualidad. Besos
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